Génesis
14:1

Y aconteció en los días de Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Quedorlaomer, rey de Elam, y Tidal, rey de Goim,

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Génesis
14:2

que éstos hicieron guerra a Bera, rey de Sodoma, y a Birsa, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Adma, a Semeber, rey de Zeboim, y al rey de Bela, es decir, Zoar.

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Génesis
14:8

Y salió el rey de Sodoma, con el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, es decir, Zoar, y presentaron batalla contra ellos en el valle de Sidim:

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Génesis
14:9

esto es, contra Quedorlaomer, rey de Elam, Tidal, rey de Goim, Amrafel, rey de Sinar, y Arioc, rey de Elasar; cuatro reyes contra cinco.

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14:10

Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y el rey de Sodoma y el de Gomorra huyeron y cayeron allí. Y los demás huyeron a los montes.

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14:17

A su regreso después de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, salió a su encuentro el rey de Sodoma en el valle de Save, es decir, el valle del Rey.

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14:18

Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo.

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Génesis
14:21

Y el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas y toma para ti los bienes.

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14:22

Y Abram dijo al rey de Sodoma: He jurado al SEÑOR, Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra,

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Génesis
20:2

Y Abraham dijo de Sara su mujer: Es mi hermana. Entonces Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara.

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/ Rey / (heb. melek; gr. basiléus). Soberano que tiene la autoridad suprema sobre una tribu o una nación. Generalmente, su mandato es de por vida y la sucesión es hereditaria. El territorio que gobierna es su reino, y reinado el tiempo de su actuación. Los reyes de las antigua, naciones paganas a menudo eran considerados como deidades o descendientes directos de ellas. La idea de un reino tuvo poca o ninguna importancia en los primeros tiempos de la historia hebrea. La autoridad civil estaba centrada en la familia y en la tribu. Sin embargo, después del éxodo se desarrolló un sentido de unidad nacional. La relación especial del pacto presentaba a Dios como el supremo gobernante de Israel; y sus leyes, como la base del gobierno. Dios era su rey (cf Dt. 33:1-5); la forma de administración fue la teocracia. Sin embargo, los israelitas pronto desearon tener un Rey "como tienen todas las naciones" (1 S. 8:5); así lo demuestra su pedido a Gedeón de que fuera su soberano (Jue. 8:22, 23). A Samuel le exigieron directamente un rey; al hacerlo, rechazaron a Dios como su gobernante (1 S. 8:7; cf 10:19; 12:12, 17, 19). Los reyes más dignos se consideraban a sí mismos sólo "virreyes" bajo Dios (Sal. 5:1, 2; 1 R. 3:6, 7; 2 Cr. 20:5, 6; 2 R. 19:14-19; etc.) y estaban dispuestos a ser instruidos por los profetas del Señor (2 S. 12:7-15). Los menos dignos, ignorándolo completamente, condujeron a la nación a la degradación moral y espiritual. El Rey ejercía amplios poderes e influencia en asuntos civiles, militares y religiosos. Era considerado como la suprema autoridad judicial (2 S. 14:4, 15; 15:2: 2 R. 3:16-28), y poseía el poder de vida y muerte (1 R. 1:51, 52). También era el comandante de sus ejércitos (1 S. 8:20; 1 R. 12:21-24; 2 Cr. 32:2, 3; cf Gn. 14:5; Nm. 21:23), y realizaba alianzas militares sin consultar a su pueblo (1 R. 15:18, 19). El poder legislativo de los reyes de las naciones paganas (Est. 3:12, 13; Dn. 3:1-6) funcionaba mucho menos en Israel, porque, idealmente, las leyes de Israel eran dadas por Dios. A causa de su autoridad en asuntos religiosos, los reyes podían dirigir a toda la nación en el servicio al verdadero Dios (2 S. 6:12; 1 R. 6:1, 2; 2 Cr. 35:1-6) o usar su cargo y su influencia para extender la adoración de dioses falsos y diversos corruptos cultos de fertilidad (1 R. 14:21-24; 16:31-33; 2 R. 23:12-14). A veces ejercían su poder en la designación y eliminación de sacerdotes (1 R. 2:26, 27), pero sólo rara vez sin protestas (2 Cr. 13:9). Ordinariamente había una línea de separación clara entre las funciones sacerdotales y las del Rey (1 S. 13:9-13; Mt. 12:3, 4). Los pecados de los reyes a menudo traían castigos sobre toda la nación (2 S. 24:10-15; 21:8-17). Isaías 11 presenta un hermoso cuadro simbólico del reinado y el reino de Cristo, introduciendo al lector al significado más profundo y eterno de Cristo como el "Rey de los judíos" (Mt. 27:11; etc.). Jesús poseía el derecho hereditario de ser Rey de Israel (1:1-16), pero su apelación a la lealtad siempre estuvo basada en una verdad más profunda y espiritual que la gente no comprendió (Jn. 6:15; 12:13). Satanás reconoció la divina realeza de Cristo, y por medio del soborno trató de quitarle su derecho en el monte de la tentación (Mt. 4:8-10; Lc. 4:5-7). Jesús continuamente procuraba guiar al pueblo a aceptar a Dios como su Rey y a comprender la naturaleza de su reino (Mt. 5:35; 18:23; Lc. 22:29, 30). Desafortunadamente, los judíos no reconocieron a Cristo como su largamente esperado Mesías. Dejaron de entender que su soberanía no tenía la naturaleza de un gobierno humano (Jn. 18:36; Fil. 3:20). Era el reino espiritual de la gracia, que un día sería reemplazado por el reino de la gloria (CBA 5:288, 289, 309).